Una larga (aunque no eterna) juventud


Cl porcentaje de jóvenes emancipados (viviendo fuera del hogar familiar por su cuenta) se ha reducido notablemente con la crisis económica. Si en el año 2013 el 44 % de los jóvenes entre 20 y 35 años ya lo había logrado (y sus padres también), en el año 2015 solo estaba en esa situación menos de una tercera parte de ellos.

Evidentemente, la crisis ha tenido mucho que ver con esta evolución. El nivel de desempleo juvenil en la provincia apenas ha variado en un punto en ese período (alrededor del 40 %). Y eso que el censo de jóvenes entre esas edades se redujo en un diez por ciento entre los dos años y el saldo migratorio de este colectivo ha sido negativo. Por añadidura, la provincia de Ourense cuenta con los niveles salariales más bajos del Estado.

Y, dado que en este país se sale de las crisis rebajando la calidad del empleo, no es de extrañar que nuestros jóvenes no se animen a abandonar el domicilio de origen y embarcarse en la aventura de formar su propio hogar. Además, los estándares de vida actuales, con unas expectativas de nivel económico y capacidad de consumo que vienen de antes de la crisis, hacen menos atractiva esa singladura.

De cualquier forma, y aunque se queden en casa, pasarán a formar parte de ese colectivo de eternos adolescentes que no acaban de poner pie en la (supuestamente) tierra firme prometida de la edad adulta. Y si cada crisis ha precarizado más el empleo, en cada ciclo económico se han ido descolgando jóvenes a los que no les ha quedado otra que quedarse a vivir en el hogar de sus padres.

Ya hay mayores de cincuenta años en esa situación (los que naufragaron sin remedio en la crisis de los ochenta) y muchos empiezan a ver morir a sus padres. Es evidente que no pudieron realizar el proyecto socialmente marcado para ellos. Cuando esto ocurre, se cae en los territorios del desconcierto, ante el cual son comunes las posturas pasotas, rebeldes (aunque me temo que poco revolucionarias) o innovadoras (entre las cuales se incluyen las innovaciones delictivas también).

Es de esperar que no haya mucho conformismo o comunión con el orden establecido pero, por lo que se ha visto hasta ahora, no se esperan grandes cambios. A muchos les espera una larga (aunque no eterna) juventud.

Por Alberto Saco Doctor en Sociología

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