Messis


Ya son pocos los aficionados al fútbol que no han visto aún esas imágenes del Messi todavía niño, regateando oponentes uno detrás de otro, hasta terminar la jugada en un gol imparable, por aquello de la imposibilidad de frenarlo.

Vaya, igualito que ahora, solo que en vez de tratarse del Camp Nou, lo hacía en un potrero argentino, en el que muchos pibes soñaban con ser estrellas algún día. Muchos se olían que el diez daría mucho que hablar en el futuro. En estos últimos días, en Ourense volvimos a ver fútbol navideño de benjamines y prebenjamines. El Pabellón reunió una vez más a buena parte de las canteras balompédicas de la ciudad y a varias de las más aventajadas de la provincia.

Más de un pequeño Messi se nos ha colado por los ojos y van dos décadas largas de distintas generaciones de pequeños que le echan toda la ilusión del mundo en las fechas en las que rebosan a raudales. Después, sin embargo, algo falla. Lo saben en el Pabellón y lo saben en otros clubes. Se ha debatido y se ha trabajado.

Desde fuera se aprecia un gran esfuerzo en la formación de monitores y técnicos. Ellos son los encargados de formara los pequeños, pero nadie puede pontificar en ninguna familia, para explicarles que su hijo no será Messi. Vale, que ni siquiera discutiremos si es único, pero como mucho son unos pocos los que alcanzarán la excelencia y no demasiados los que regarán riquezas a su alrededor. Quizás es tiempo de volver a ver el fútbol base con los ojos de la ilusión y no con los del interés. Que si esos pequeños disfrutaran del fútbol dentro de unos pocos años tanto como lo hicieron estos días, ya sería bastante. Y si son buenos, mejor.

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