Caen las pinzas


En una situación de crisis como la actual, en la que el número de grúas es muy escasa, con las ventas de ladrillo en mínimos, el agujero negro que es la ordenación urbanística ourensana tiene una importancia relativa. Por ahora. Los proyectos de iniciativa privada que la Xunta trató de amparar apenas han avanzado. Entre los de interés público, la ampliación del CHUO -en tanto ocupa terrenos de la finca Mariñamansa, sin un proyecto de urbanización aprobado- queda en una situación al menos incómoda desde el punto de vista de la legalidad urbanística. Téngase en cuenta que en 1986, cuando se aprobó el plan urbanístico ahora vigente, buena parte de lo que ahora llamamos finca Mariñamansa era granja escuela de la Diputación, que hasta el 2001 no lo vendió, cuando ya se trabajaba en la redacción de un nuevo PXOM, en el que florecían torres y centros comerciales.

La anulación de estas normas tendrá, «gracias» a la crisis, un impacto poco más que virtual, en un momento en el que apenas pesa el ladrillo como motor de la actividad económica local. Actuó rápido la anterior corporación municipal, que, con peor o mejor fortuna, dejó encarrilada la revisión del plan. La Xunta apuró la publicación que ahora se ve desautorizada, pocos meses después de la nulidad efectivas del PXOM. La norma ha resistido cinco años y algún tiempo más de gracia le quedará. Por una vez, que la justicia no tenga la agilidad entre sus virtudes, ha ayudado a mantener este peculiar urbanismo de pinzas que padece Ourense y que, a estas alturas, con una corporación municipal solvente, ya habría tomado forma en un nuevo PXOM.

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