Parece que la obra de la calle Concello va camino de convertirse en una pesadilla para, valga la redundancia, el Concello ourensano y no solo para los automovilistas que la sufrían subiendo entre los bamboleos que provocaban los baches y la anticuada estructrura de la vía. Los conductores el lunes se congratularon de la apertura y de un rodar más cómodo. Salvo el chófer del autobús que no pudo pasar por toparse con una ambulancia estacionada en batería en la parte baja de la calle. El Concello, el del consistorio, se puso patas arriba con reuniones y precintos, levantados por la tarde para dejar aparcar de nuevo a los coches. ¿Tanto se ha estrechado la calle con los aparcamientos en batería? ¿No había antes similares problemas con las dobles filas que se montaban en esa calle y la convertían en un dolor de cabeza para acceder al centro? En fin, si será por la ambulancia, el mismo problema se puede presentar si allí estaciona una furgoneta o un turismo grande, que ahora cada vez son de mayor tamaño y ni entran en muchas de las plazas de garaje que hay en la capital. Veremos si el Concello da marcha atrás en Concello. Parece que las obras en esas vías longitudinales del centro, desde Concello hasta Bedoya, están gafadas. No hace falta más que ver cómo quedó Bedoya y los problemas que dio aquella obra y cómo sigue de mal el adoquín a la altura del parque de San Lázaro. Ahora la policía local, que quizás había tenido que estar allí el primer día, vigilará para comunicar si hay algún problema. Todo a posteriori, no vaya a ser que la planificación funcione alguna vez para algo en esta ciudad.