El PSdeG se jacta de ser el primer partido que impulsó las primarias para elegir a sus candidatos. La votación de la militancia es vinculante para designar al aspirante a la presidencia de la Xunta, pero no para el resto de los miembros de las listas electorales. Ahí es donde está el problema. En torno a 1.300 militantes ourensanos fueron convocados a las urnas para mostrar sus preferencias sobre los integrantes de la candidatura por la provincia y más de la mitad votaron pese a que las asambleas locales celebradas para ello tuvieron lugar en pleno verano. Los afiliados participaron a sabiendas de que este proceso es una mera consulta y de que los estatutos del partido establecen que la decisión final respecto a las listas electorales es de Ferraz. Sin embargo, parece comprensible la sensación de decepción de aquellos que consideran que, al final, todo esto es un paripé, incluida la vitola de partido pro-primarias de la que presume el PSOE. Personalmente, creo que los socialistas tienen dos opciones: la elección directa de la militancia (sin interferencias de las cúpulas) o el «dedazo» que tanto critican al PP. La designación digital de los candidatos populares elimina prácticamente toda posibilidad de conflictos internos, pero puede que no sea ese el espejo en el que el PSOE quiera mirarse. Últimamente es difícil de saber. Es probable que, si la votación de los militantes fuese vinculante, nadie tendría derecho a la pataleta como ahora. Aunque, la verdad, siendo como son, ya encontrarían algo por lo que pelear.