Podría parecer, y así muchos lo argumentarán, que el Concello de Ourense aprobó esta semana estudiar la venta de las acciones del COB ahora que ya no jugará en la liga ACB, esa especie de dorado que se alcanzó en la pista hace más de un año y que se ha dejado morir en los despachos entre la ineptitud de la directiva y la inestabilidad política. Sería algo así como aquello de que cuando el barco se hunde las ratas son las primeras en huir. Sinceramente, no creo que sea el caso. Más bien estamos ante lo que podría considerarse corregir una deuda histórica con la ciudad. En tiempos de bonanza económica y donde el dinero de las instituciones parecía ilimitado -hubo un tiempo en el que la sociedad cerró los ojos y quiso creer que esa pasta no salía de sus bolsillos- en Ourense Concello y Diputación se lanzaron a reflotar sociedades anónimas deportivas. Una ya cayó víctima de sus errores, el CD Ourense. No se trata aquí de ser un cenizo ni desearle al COB que siga el mismo camino. Todo lo contrario. Creo que es el momento en el que los responsables del equipo, una vez que se esfumó el sueño de la ACB, se planteen empezar casi de cero alejados del abrigo institucional. Sé que les puede parecer que fuera de las ayudas públicas hace mucho frío, pero cada vez son más los ejemplos de clubes deportivos que nacen de una verdadera vocación popular. No estamos en tiempos de inflar proyectos que detrás no tienen una base sólida. Nadie le niega al COB el poder de su afición, pero sí la de convertir ese apoyo en dinero que sostenga las canastas. Si lo logran, serán libres.