Ddice la sabiduría popular que lo bueno, si breve, dos veces bueno. El refrán podrían aplicárselo los que idearon en la Xunta el número destinado al Teléfono da Muller, que viene a ser la versión gallega del teléfono contra el maltrato, pero en difícil. Porque si todos tenemos interiorizado el 016 (igual que otros números de emergencias como el 112; o el 061) estoy por apostar a que muy pocos saben que el 900 400 273 es el teléfono de ayuda para las mujeres que buscan apoyo o ayuda desde Galicia; y de ellos, menos todavía, quienes son capaces de recordarlo a bote pronto. Decía ayer el vicepresidente de la Xunta que su visita al centro en el que se reciben y atienden esas llamadas -y que está en territorio ourensano- buscaba el objetivo de promocionarlo y darlo a conocer. Y es cierto. Todos los medios se hacen eco de esa visita, pero me temo que el recorrido de esa promoción es muy limitado, por lo efímero y porque no resuelve el problema de fondo que no es otro que el propio número. Ni es corto, ni tampoco con una combinación numérica fácil de archivar en nuestra memoria. Posiblemente, quien no tenga oportunidad de ver más anuncios sobre el mismo no recordará en pocas semanas otra cosa que el 900 inicial o, como mucho, que luego iba un 400. Me juego la merienda a que el 273 se nos queda a todos perdido en el limbo neuronal. Los propios datos del servicio dan una pista: En 2012 se llegó a un convenio con la Administración central para que derivase las llamadas del 016 que correspondían a territorio gallego y resulta que, tres años después, el 30 % de la demanda llegó por ese camino. Blanco y en botella...