Los que ríen la gracia


No hay nada, en este momento, que demuestre la culpabilidad de José Manuel Baltar en relación a la denuncia que una mujer presentó contra él en la Fiscalía. Pero tampoco hay nada que demuestre su inocencia. Por eso no puedo entender a los que se parten la cara por él y, sobre todo, a los que observan el bochornoso espectáculo que se está dando en la Diputación de Ourense con una sonrisa en la cara. Por ejemplo Rosendo Fernández, su vicepresidente, al que la situación que se vivió el viernes en el salón de plenos (que debería sonrojar a cualquiera) parecía suscitarle más hilaridad que vergüenza.

Las explicaciones que (no) nos han dado hasta ahora a los ourensanos se basan en que la denuncia -y el material que ya la acompaña en la Fiscalía, mensajes y grabaciones- se circunscribe al ámbito personal. Pero, no lo digo yo, esas explicaciones son necesarias. Porque aunque aquello empezara como algo personal (que eso daría para otro debate, claro) ahora es público y notorio. «O comité de ética reclamaba unha resposta clara e contundente, que posiblemente sería axeitado que se dera nun ámbito político e non neste comité. A resposta fai que non podamos pronunciarnos xa que, defendéndose, non admite pero tampouco nega a realidade dos feitos». Queda bastante clarito y no lo dice ni el PSOE, ni el BNG, ni DO, ni colectivos feministas... Lo dice el comité de ética, recién dimitido, creado por el presidente de la Diputación. Quizás creyeron que no había nada de qué reírse.

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