No todo son malas noticias. Esta semana La Voz de Galicia ha contado que el proyecto de rehabilitación integral de la plaza de Abastos de la capital ourensana ha sido incluido en el conocido como 1,5 % cultural y recibirá una inversión de 3,6 millones de euros. Es, sin duda, una buena noticia, sobre todo para los placeros -que llevan décadas reivindicando esa intervención-, pero también para los ourensanos, que podrán hacer sus compras en un espacio más adecuado y moderno, y para los turistas, ya que puede ser un foco más de atracción en la capital ourensana, especialmente por el entorno en que se encuentra.
Quizás si esta rehabilitación se hubiese abordado antes, no tendríamos que haber gastado tanto dinero en parches. Y lo digo en plural y me incluyo porque no debemos olvidar que el dinero que gastan las Administraciones públicas no es del dirigente político de turno; es de todos. Curiosamente, justo cuando el Estado confirma que la plaza de Abastos de la capital ourensana recibirá una inversión de 3,6 millones se está ejecutando una obra de 100.000 euros para la renovación del pavimento y para la instalación de un ascensor. Es posible que ese último elemento pueda conservarse tras la rehabilitación integral que ahora se plantea, pero estoy convencido de que el nuevo suelo servirá solo para unos meses porque cuando comience la reforma de verdad sufrirá daños y probablemente será sustituido de nuevo. Un ejemplo más del caos en el gasto público que nos afecta a todos. A todos.