Es propietario de una empresa de ingeniería en Lausanne
16 sep 2013 . Actualizado a las 14:22 h.Llegó a Suiza con 13 años y confiesa que el cambio fue «brutal». No solo por la ruptura con su círculo de amigos, algo que a esa edad es un pilar social importante, sino por el choque cultural. Pero no es un emigrante al uso. De hecho todos sus recuerdos y vivencias de adulto tienen marco suizo y allí se quedó aún después del regreso de sus padres a Ourense. Su doble nacionalidad va más allá del pasaporte.
Ha forjado un carácter mixto y asume que en muchas facetas de su vida, es más helvético que hispano. «Me siento español y ourensano y siento que esa es mi tierra, pero no tengo la mentalidad propiamente de un lugar ni de otro. Estoy entre dos mundos, soy una fusión», resume. De su país de adopción admira el afán perfeccionista, el exquisito respeto a lo ajeno y la puntualidad. «Yo me siento orgulloso de mis raíces gallegas y españolas, siento la morriña, y si hay un partido de fútbol yo voy con España, pero me cuesta entender que porque a alguien le apetezca dejar el coche en doble fila, yo no pueda pasar; en Suiza eso es inconcebible», señala. Eso sí, cree que los centroeuropeos deberían de copiar el carácter más amigable y abierto de la cultura gallega.
La imagen que su país natal da al exterior no le agrada. «Lo que se piensa de España es que el poder político es muy grande y que ellos deciden todo y el pueblo lo sufre; nosotros tenemos menos leyes pero las aplicamos más y ahí hay más pero se aplican menos», lamenta.
En su opinión el sistema político de la confederación helvética, con muy pocos profesionales que vivan de la política y el equilibrio de representantes en los siete ministros que conforman el consejo federal -el gobierno- por cantones y por partidos políticos, sería fácilmente exportable a España. «Suiza funciona porque están obligados al consenso y ningún partido o cantón puede imponerse», resume.
Antonio no entiende el miedo a que las autonomías españolas tengan más cuota de gobierno ni los conflictos con el idioma. Recuerda que Suiza son territorios federados «con su propia organización de gobierno, bien definidos por su diversidad cultural, con sistemas educativos propios y su idioma propio porque hay cantón alemán, francés e italiano en los que se habla en esos idiomas, y sin embargo el ensamblaje como país es perfecto».
También trasladaría el sistema de democracia directa con frecuentes consultas por referendo. Cree que los españoles demostrarían la misma madurez y responsabilidad a la hora de tomar decisiones que lo suizos.
Recuerda que hace poco allí se votó que no a las cinco semanas de vacaciones. «Claro que todos queremos más vacaciones, no somos tontos, pero no estaba claro cómo se iba a financiar eso: si iría a costa de las empresas, del sueldo de los trabajadores, o si lo cofinanciaríamos entre todos y el Estado; y el suizo cuando algo no está perfectamente claro, lo rechaza», explica. «Estoy convencido de que en España la gente de la calle demostraría que tiene más sentido común y de la responsabilidad a la hora de tomar decisiones de lo que los políticos piensan», sentencia.
Antonio álvarez empresario en suiza