o explicó clarito José Luis Baltar el día en que anunció su marcha: «presentarei a miña dimisión ó pleno, que tramitará ante a Xunta Electoral, que o comunicará ó seguinte da lista». Y todos sabíamos que el siguiente de la lista renunciaría y que quien accedería a esa plaza vacante de diputado sería el inmediato siguiente, es decir, José Manuel Baltar Blanco. Pero sorprende la celeridad con la que esa junta electoral ha recibido y tramitado dos bajas y otras tantas altas en apenas 24 horas, porque ayer a mediodía Baltar Blanco ya presentaba su candidatura a presidir la Diputación, como si ya fuese diputado provincial. Al margen de las dudas de que eso sea realmente así -y no solo por lo ágiles que anduvieran los de la junta electoral, sino porque es de suponer que la toma de posesión de un diputado debe hacerse en el propio pleno de la Diputación- llaman la atención las prisas del hijo de Baltar. Cuando todavía los diputados del PP no han podido ni lavar las camisas que empaparon con sus lágrimas en las despedida del viernes, tienen que lanzar cánticos de apoyo al nuevo jefe, el sábado. Así, sin siquiera proceso de duelo, ni tiempo para disimular las huellas de la pena en los ojos hinchados. Quizá tanta prisa responde a algo que también dijo Baltar padre: «aquí calqueira diputado pode presentarse para ser presidente». Quizá la urgencia para que quedase claro el candidato (y sus apoyos) pretende eliminar de raíz cualquier sueño de grandeza que pudiera estar germinando en algún despistado.