Otra lección de compleja sencillez

OURENSE

22 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

fin de semana

«Los descen- dientes»

DRAMA

EE.?UU., 2011. Director: Alexander Payne. Intérpretes: George Clooney, Shailene Woodley, Beau Bridges. Drama. 115 minutos.

Cuando una película continúa rumiando en tu cabeza durante horas, días, hasta convertirse en grato recuerdo, significa que acertó en el clavo emocional. Los descendientes es de esas. Cuentan que va directa al Óscar, pero aunque finalmente la Academia le dé portazo, está ya entre lo mejor del año que comienza. Tampoco es de extrañar si anotamos que Alexander Payne es dueño de una filmografía muy corta (para desgracia del buen cine, del considerado adulto?), aunque sustanciosa y brillante desde 1999. Se completa con Election, A propósito de Schmidt y Entre copas.

Historias de gente normal a la que Payne (un tipo nacido y residente en Omaha) convierte en singular gracias a su mirada original, tirando de un estilo casi documental y de apariencia cotidiana, subrayado por una cámara invisible. La presencia de la estrella George Clooney no resta credibilidad a su peculiar radiografía familiar tomada de una novela de Kaui Hart Hemmings, originario de Hawái, donde transcurre la trama. Hace tiempo que Clooney ya no necesita demostrar su solidez, aunque aquí borda su registro de abogado que de repente se ve con su esposa agonizante (además de adúltera), dos hijas complicadas y una multimillonaria herencia patrimonial que le afecta junto a un montón de primos, todos descendientes de una princesa hawaiana.

Si el entramado dramático aparece tejido con una pericia enviable, no es menos apreciable el marco geográfico. El tópico nos lleva a un paraíso hawaiano de playas luminosas, cabañas de ensueño, camisas coloristas, collares florales y sonrisas exóticas. Payne rechaza esa propuesta. Para empezar el cielo luce un gris permanente, a ratos amenazante, aunque sin enfatizar. Siempre al servicio del drama, sin excluir diálogos inteligentes ni renunciar a situaciones chuscas como las que realmente se dan de continuo en la vida cotidiana. Todo reflejado con una trabajada sencillez que otorga a Los descendientes la condición de sencillo (aunque complejo y brillante) retrato de familia norteamericana. De las que merecen la pena.