De los temores a la abrumadora regularidad

a coruña / p. b.

OURENSE

El paraguas de la ilusión lo soporta todo. El camino del Dépor hacia la primera plaza encerró historias para llenar una Liga entera: temores y sospechas, desilusión, partidos paupérrimos a domicilio, goles sin juego, festa rachada en Riazor y hasta un derbi no apto para cardíacos.

Obligados a ascender para seguir confiando en la supervivencia del club, Oltra y su plantilla aceptaron desde el principio el desafío. Las críticas afloraron cuando su primera respuesta en competición fraguó un fútbol pobre y simplón, tan desnudo que tiritaba al mínimo soplido del rival.

Fueron las noches sin dormir de Alcorcón y Alcoy, o aquel partido salvado sobre la campana contra el Nàstic. El Dépor perdió cuatro de las ocho primeras jornadas y el proyecto amenazaba desastre. Llegó a distanciarse a nueve puntos del liderato. Pero Riazor obra el milagro cada quince días. La inquebrantable fe de la grada reinventa a su equipo, le insufla aire y le devuelve la vida.

Seguridad defensiva

El derbi más esperado marcó un hito. La victoria deportivista sembró el germen del liderato actual e instauró un nuevo sistema. La seguridad defensiva se convirtió en seña de identidad y el dominio del balón pasó a un rol secundario. Las ocasiones ante la meta rival se suponen.

Los resultados se convierten en el motor para seguir creciendo, no al revés. Cinco triunfos y un empate en las seis últimas jornadas, 25 puntos de 30 posibles en Riazor. Solo la realidad se empeña en recordar al Dépor que no tiene más rival que él mismo y que hasta ahora la carrera por el ascenso no hizo más que comenzar.