on lo gratificante que resultaba el rejuvenecimiento anual de la Subdelegación del Gobierno, cuando acudían los escolares premiados en el concurso anual de redacción y dibujo sobre la Constitución. Y van y trasladan el acto. Claro que se quedaba pequeño, pero tenía su encanto la incomodidad. Era una manera de desmitificar a «la autoridad», tan lejana en el día a día y tan resignadamente próxima durante aquel par de horas para los invitados, niños, padres y profesores, con sus pinchos variados y sus cocacolas tras el agobiante rollo oficial. Descontada esa ocasión, la mayoría no acudirá nunca allí, porque nada tiene que resolver entre las cuatro paredes de un edificio que fue centro de poder en el franquismo, comisaría de policía y, entre otras cosas, el lugar desde donde se ordenaba disolver las manifestaciones, siempre custodiado por personas uniformadas y con armas bien a la vista. Y es en ese lugar, precisamente ahí, donde el ministerio de Fomento, el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF), o quien sea que haya tomado la decisión, ha tenido expuestas las maquetas del proyecto de estación que dejará pequeña la actual Empalme de A Ponte. Se han llenado la boca, sobre todo desde el Concello de Ourense, resaltando la talla enorme de los siete finalistas, entre los que se cuentan arquitectos de enorme prestigio. En otras ciudades probablemente pagarían por una exposición que ha pasado sin pena ni gloria. En un lugar adecuado sería muy visitada, pero no aquí. Aunque, bien pensado, así no discutimos.
C