Ángela Gutiérrez González es natural de Carballeda. En su juventud se enroló en las Siervas de María, las religiosas que tienen su casa en As Lagoas, encargadas de atender a los enfermos. Pasó treinta años de su vida en Brasil y ahora acaba de regresar de Bolivia, otro país en el que lleva años. Esta mujer cuenta a día de hoy con 83 años y se siente joven. La semana pasada se despidió de los suyos porque acaba de volar de nuevo a Bolivia y no espera regresar a su tierra natal. Dice que conserva bien los cinco sentidos, aunque ahora oye algo menos. Y añade que mientras sea así, se gastará por aquellas gentes. «Dios me da vitalidad para seguir en marcha a mi edad. No necesito nada. Él se encarga de todo», dijo, y con esta convicción y decisión vuelve a acompañar a los pobres de su destino americano. Como ella señala, muchas veces se trata de escuchar, otras de hablar pero siempre, de acompañar a los menos favorecidos. Se define como espontánea y «fruncidita», por sus arrugas.