Montealegre

Pepe Seoane L

OURENSE

a decisión de cerrar Montealegre, entre otras cosas para rebajar de categoría esta zona verde, privándola de la pretenciosa condición de «jardín botánico», ha devuelto protagonismo al único edil socialista de la anterior corporación de quien prescindió Francisco Rodríguez. La despedida de Demetrio Espinosa había sido, no obstante, sonada. Lo fue tanto por la fecha elegida, inoportuna, justo el día anterior a que tomara posesión la nueva corporación, como por la precipitación que denota haber abierto al público un espacio como ese, sin luz, ni agua corriente. Cumplidos los cien días de gobierno, con una responsable municipal de medio ambiente de color político diferente al anterior, hoy del BNG y ayer del PSOE, tan socios entonces como ahora, da la sensación de que intentan pasar de puntillas. Como el señalado es Demetrio Espinosa, que ya no está, y el alcalde había dicho en la inauguración que Montealegre era el gran empeño de su ex concejal, parece que nadie se siente obligado a dar explicaciones. Y deberían. Porque, es verdad, el edil responsable de medio ambiente era quien era, pero su trabajo estuvo amparado por el alcalde y por el PSOE hasta el último instante. Apuraron al límite para regalarle un último día de gloria.

La nacionalista Marta Arribas ha tomado una decisión incómoda. En ella estaría feo que señalase con el dedo. En el PSOE, mientras, callan. Dejar a su suerte a un ex compañero quizás sea políticamente útil, pero no parece que sea lo más honorable.