iene mucho de didáctico el caso de Reza. El de la depuradora, cuál si no. Ocurre, como tal vez sepa el lector, que una sentencia del 2003, firme desde el verano del 2007, es decir, de hace cuatro años, condenaba a muerte a la depuradora de Reza. Los vecinos, que de un modo personal y directo sufren su existencia desde que entró en servicio, sin haber obtenido una compensación directa mínimamente satisfactoria, recurrieron contra la licencia municipal, ganaron el contencioso y consiguieron que en un papelín timbrado de la Administración de Justicia les diesen la razón. Tienen ustedes todo el derecho del mundo para quejarse, podrían deducirse que les dijeron. Palmadita en la espalda y, a partir de ahí, que le vaya bonito.
Como el supremo interés colectivo prima sobre el particular y como el Concello tiene la excusa de que el derribo de la depuradora ocasionaría un perjuicio mayor, pues obligaría a verter al río aguas residuales sin depurar, cerca del delito ecológico, no pasará nada. La depuradora actual seguirá en su sitio y los vecinos continuarán soportando una actividad ostensiblemente molesta, como pueden acreditar quienes cada día disfrutan del paseo peatonal del Miño. Han ganado los vecinos el pleito, pero, satisfacción moral aparte, de nada les sirve. A otros les pagan para que dejen de litigar. Aquí, ni eso. Cómo se va a tirar la depuradora. Si fuese un ridículo galpón, quizás...
Triunfa el abusón Goliat. Con doctorado, además, en la gestión de papel mojado.