añana no subas tú sola, porque te toparás una sorpresa». Son las últimas palabras, conocidas, de un tipo de 79 años que se suicidó, disparándose con un arma corta, después de haber matado a puñaladas a su esposa, de 82. Se ve que ya lo tenía todo planeado porque el día anterior comentó a la asistenta que los cuidaba a ambos la frase anterior. Se mostró exhibicionista en sus intenciones. Parece que hasta hizo testamento antes de apretar el gatillo. Siniestro.
Ocurrió en Museros (Valencia). Horas antes los escenarios de la tragedia habían sido Fines (Almería), Móstoles (Madrid) o Valdecuna (Asturias). Cambian los nombres, las circunstancias, el desarrollo de los hechos, pero la tragedia se repite. A estas alturas del año, 28 mujeres han perdido la vida a manos de su pareja o ex pareja.
Me molesta leer que los vecinos cuentan, en el caso de Museros, que la víctima vivía amenazada por su marido. Que éste había anunciado que la mataría con un cuchillo. Me molesta el silencio de antes. También la verborrea de ahora.
Me molesta ver cómo el silencio se convierte en el gran protector de los maltratadores. En este caso fue el de los vecinos, pero también el de la propia víctima, que nunca denunció su situación.
Por si a alguien se le escapa el dato, conviene recordar que en Ourense un alto porcentaje de los denunciados por maltrato terminan absueltos porque las víctimas se acogen a su derecho a no declarar el día del juicio. ¿No se dan cuenta del riesgo?
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