El PP apuntaló su poder en la provincia, pero perdió la capital. La ola de cambio de otras urbes gallegas se estrelló contra el dique socialista de Francisco Rodríguez. Tanto la victoria como la derrota hacen mella en el rostro. La noche electoral en la sede popular distó mucho de ser de las de vino y rosas. Abrazos forzados y sonrisas disimuladas. José Manuel Baltar, muy hábil, interpretó la cara de los datos y pasó de puntillas por la cruz de los resultados en la capital. A fin de cuentas, prefirió que la cruz la llevase a cuestas el candidato Rosendo Luis Fernández. El ex alcalde de A Merca soñó con dirigir la tercera ciudad de Galicia aunque ya en campaña parte de su equipo reconocía que morderían el polvo. El PP hizo una lista (o mejor, los Baltares sin el concurso del número uno) para ganar. Pero perdieron. ¿Y ahora qué? En los fríos bancos de la oposición descansarán once concejales populares sin experiencia para marcar de cerca al gobierno. Los ediles con espolones iban en puestos lo suficientemente vulnerables como para que los ciudadanos los mandasen para casa. Ya que no se puede pensar en el gobierno, ¿quién hará de perro de presa? ¿Será Rosendo Luis Fernández el que asuma ese papel? Por cierto, ¿será el número uno de la lista portavoz de la oposición y diputado en Santiago o perderá uno de los cargos? ¿No merece Ourense una dedicación exclusiva? Puede seguir en ambos, como hizo Enrique Nóvoa desde el 2009. Sin embargo, si el partido opta por la máxima de una persona un cargo hace falta gestionar la situación de Rosendo. Si abandona como edil sería un fraude al electorado y si deja el escaño en Santiago, un viacrucis incómodo por alejarse de los cenáculos de la política de salón. Quién sabe si en el PP no le sugieren que se quede como líder de la oposición en Ourense. Ya se sabe que el que quiere comer carne (ganar), se expone a tener que comer también los huesos (perder).