Ni de izquierdas ni de derechas. A los votantes no les gusta saber que el candidato al que pueden votar fue elegido por uno que manda, sin que los demás puedan decir ni mú; y así lo demuestran al acudir a las urnas. Candal apostó por su hija en Vilamartín al hacerla su número 2 (aunque luego le saliese rana), y parecido hizo Luis Álvarez con Isauro Pérez en Trives, o Baltar con Moisés Blanco cuando fue designado hace cuatro años como alcaldable en O Barco; y lo mismo con la defenestración de Francisco Montesinos. Y así les fue el pasado domingo. Igual nota deberían tomar los del BNG, que después de hacer una purga para cargarse a todo el que no fuese del mismo lote, fueron a por todas. Y por poco, ni lo cuentan. En medio, los del PSOE aprovecharon para salvar los muebles, pese a tener al agua al cuello.