iene el PP todo el derecho del mundo a criticar al alcalde de Ourense, si consideran que la maqueta de San Francisco es parte de su política de propaganda. Le reprochan que lleve cuatro años sin hacer nada positivo, dicen ellos, para que se reanuden unas obras que, de acuerdo con su simplista visión, empezó el PP y paralizó el PSOE. Afortunadamente, diríamos: menos mal que alguien se percató del desaguisado que allí se estaba perpetrando y lo detuvo. Corta visión la de los populares si no han sido capaces de ver las chapuzas que se estaban consumando al amparo de un proyecto que, puestos a simplificar, recibió en su día jubilosos aplausos en todos los estamentos del PP, de Madrid a Ourense, pasando por Compostela.
Es opinable si el alcalde pudo hacer más para que se moviesen grúas y papeles, más que nada porque las decisiones judiciales se escapan de la lógica político-partidista. Seguramente fue una frivolidad del regidor proclamar, como hizo tiempo ha, que en una semana se reanudarían las obras. Pero de ahí a censurar que fuese «un ministro de cultura quien paralizó las obras durante casi siete años» va un mundo.
La paralización ha sido una mala noticia. Pero tiene su lado positivo: se podrá corregir ahora casi todo lo que se hizo mal, sin que, al menos aparentemente, nadie se hubiera molestado en afinar la lupa sobre el proyecto y sobre la forma en que se ejecutaba. Algo tendría que decir, o callar, el PP que entonces mandaba aquí, allá y acolá.