Docampo todavía sigue yendo a la unidad de paliativos del hospital de Valdeorras, para ver «a un personal maravilloso» y también para ayudar a personas que están en la situación que ella vivió. «Para explicarle a la gente que, si se quiere, se puede, porque para mí al final poner la medicación o pinchar a mi marido resultó siendo tan sencillo como fregar los platos», cuenta. Pero su espíritu de lucha va más allá, y quiere que otros tengan lo que ella no encontró. «Cuando mi marido murió eche de menos un grupo de duelo», en el que la gente que acaba de perder a un ser querido pueda hablar de lo que siente. Y en eso está ahora, en eso y en muchas otras cosas más que ofrecerá una futura ONG en la que está trabajando junto a otras personas. «Nuestra idea es crear un piso de acogida para la gente que tiene a un familiar en el hospital, para que puedan estar en él; para que puedan descansar», dice. Explica que el proyecto ya ha sido presentado al Sergas, «y nos mostró todo su apoyo»; y en la redacción de los estatutos es que están.