Nunca en mi vida he estado en Pazolandia. Supongo que su apertura me pillaría ya demasiado mayor como para emocionarme con las atracciones de feria que allí se instalan. Esa falta de información directa hace que no tenga un criterio claro sobre su idoneidad. Valoraciones y comentarios he escuchado de todo tipo. Desde los que consideran que es una oportunidad única para que los pequeños de la capital y de la provincia disfruten de las Navidades en un centro de ocio como no hay otro igual en Galicia, hasta los que opinan que es un espacio decadente y que no merece recibir dinero público. Entre los que defienden lo segundo están los inquilinos de la consistorial de Ourense. Desde que PSOE y BNG toman las decisiones en la plaza Maior, el Concello de Ourense le ha cerrado el grifo a Pazolandia.
Es una decisión política opinable, pero respetable. Lo que ya no es de recibo, y más teniendo en cuenta las fechas en que se celebra Pazolandia y que el espíritu navideño nos debería invadir a todos, es que desde el bipartito de Paco Rodríguez e Isabel Pérez se le haga la zancadilla al parque de atracciones que cada año, desde hace ya 18, instala José Luis Baltar en el Paco Paz. Dejar sin refuerzo la línea de autobuses que une el centro urbano con la Finca Sevilla tiene un punto hasta cruel, sobre todo teniendo en cuenta que hablamos de niños y de unas previsiones de aforo de 30.000 personas.
Usar los servicios públicos como arma arrojadiza para torpedear una actividad que se celebra en la ciudad que gobiernas, simplemente porque se hace desde una institución con otro color político es jugar sucio. Esta medida, que imagino estará respaldada por el concejal de autobuses , el nacionalista Manuel Herminio, es muy similar a la que tomó hace unos días su compañera de gobierno, la socialista Áurea Soto, cuando decidió multar al Chou (dirigido por la Xunta del PP) por no pedir licencia para una obra menor.