En las termas llueve sobre mojado

OURENSE

Es una pena. Ayer fuimos a Ourense a las termas y todas las que eran gratis estaban inundadas. Y eso que hay un montón». Esta conversación fue escuchada a cerca de 150 kilómetros de Ourense el pasado puente de la Constitución, en una villa gallega con nombre de apellido. Un grupo de jóvenes se lamentaba, a pie de barra, de que no pudieron disfrutar de los recursos termales de las riberas del Miño. No fueron los primeros ni tampoco serán los últimos turistas que tras recorrer cientos de kilómetros se fueron de vacío. Cada año, con la llegada de los meses de invierno, el caudal del río Miño crece y convierte en invisibles los recursos termales de A Chavasqueira, O Tinteiro y el Muíño das Veigas, principalmente.

Es algo que saben muy bien los ourensanos que cada día pasean por la zona termal. También los que se vuelven para casa al no poder usar las termas públicas. Nadie hace nada para remediar un suceso que tiene poco de casual y mucho de acción humana. La apertura al antojo de una empresa privada de la presa de Velle está detrás de la mayoría de las inundaciones de la zona termal, alguna de ellas sonadas y que el pasado año causaron graves daños en A Chavasqueira y Outariz. En aquella ocasión, el Concello levantó la voz para quejarse ante Gas Natural-Unión Fenosa de su actitud. Se quedó en un brindis al sol. Un año después nada se ha hecho para evitar que los bañistas se queden con las ganas de usar las termas pública.

Está muy bien que los políticos se llenen la boca con el plan de termalismo y con la declaración de Ourense como capital termal de Galicia, pero no se debe olvidar que lo que cuenta es lo que vive el turista que opta por gastar su tiempo y su dinero en una visita a la ciudad y que, en este caso, se va con las manos vacías y una sensación negativa que puede volverse en contra. Los eslóganes están muy bien, pero luego hay que cumplir las expectativas.