Meter la pata

OURENSE

M eter la pata es una práctica común al ser humano. Meter la pata es, por ejemplo, gastar el dinero de una institución pública en encargar una auditoría para que te diga cómo puedes ahorrar dinero y consumo energético en una instalación, y luego calificar una de las propuestas que supone un mayor ahorro de «utópica». Eso es lo que ha hecho el Consello Municipal de Deportes, que presentó esta semana a bombo y platillo una serie de propuestas que supondrían un ahorro de hasta 50.000 euros en el pabellón de Os Remedios. De esa cantidad, una quinta parte llegaría de rebajar en dos grados la temperatura de la piscina. Llevada al papel de periódico, la propuesta le pareció a todo el mundo descabellada, y el Consello Municipal de Deportes optó por dar marcha atrás, culpar al mensajero y mezclar las churras con las merinas en un comunicado enviado a los usuarios en el que acaba hablando de «transparencia informativa». A raíz de esta metedura de pata del concejal Fernando Varela y su equipo surgen un par de dudas: ¿Era necesario gastar el dinero público en una auditoría con medidas utópicas? o ¿si la propuesta de rebajar la temperatura de la piscina en dos grados no se contempla por qué no se retiró de las medidas presentadas en público?

Tranquilizados los usuarios al saber que no pagarán en sus carnes el recorte de gastos municipales, las aguas vuelven a su cauce a Os Remedios. Al menos para casi todos. Por que aunque resulta difícil de creer me aseguran que un grupo de usuarias de un programa municipal de gimnasia en la piscina están recogiendo firmas porque son discriminadas por el hecho de no ser socias del pabellón. Ese grupo de mujeres tiene que peregrinar dos veces por semana por la instalación a un vestuario que queda lejos de la piscina para ducharse. Para poder usar el mismo que todos, les dicen, tienen que pasar por caja y hacerse socias. Ya saben: «Tanto tienes, tanto vales».