Un acreditado periodista gallego, afincando últimamente en Madrid, siempre que tiene oportunidad de hablar de esta tierra ante sus colegas de la capital de España, quizá para borrarle tantos tópicos, suele hablar de la necesidad de contraponer la imagen de la «Galicia luminosa frente a la Galicia brumosa». Este mes concede pocos estímulos para exportar esa tierra radiante, al menos desde el punto de vista meteorológico. Los días son mas cortos, el sol más esquivo y las lluvias más frecuentes. Nada bueno para levantarnos el espíritu, la verdad. Tampoco los ánimos se muestran exultantes cuando iniciamos la primera de sus jornadas visitando cementerios.
Pero, la reflexión va más allá de estos temporales episodios. En noviembre, como en los otros once meses, hay ejemplos de brumas y de luz, también en Ourense. Frente a perogrulladas como el funeral por el pulpo Paul en O Carballiño, la promoción del cefalópodo y la gastronomía de la zona que se hace en un programa de la tele. Contraponiendo la idea de que hay que salir de la provincia para conocer algunas tendencias artísticas, el Outono Fotográfico demuestra que a casa llegan este mes extraordinarias apuestas captadas por cientos de objetivos. Frente al derrotismo de un desierto universitario, la investigación que desarrollan alumnos y profesores sobre un nanosatélite, que cuenta con participación ourensana. Frente a la queja de que Ourense es un páramo empresarial, una constructora ourensana tiene en cartera proyectos por valor de 773 millones de euros y se ramifica por todo el mundo. Frente a la imagen de la despoblación rural, la apuesta de bodegas que sacan al mercado dignísimos caldos, se van a California a estudiar tendencias en enoturismo o a Nueva York a celebrar concursos de cata.
Por eso es que, aunque sea noviembre, la luz tiene que poder a la penumbra. Y lo mismo los otros once meses.