Las quejas del comerciante

Antonio Nespereira

OURENSE

05 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Hará tres semanas, en un comercio de la capital que liquidaba rebajas, un cliente le dijo al propietario: «No te quejarás, aquí hay un montón de gente y la caja registradora no para». El dueño, sin pensárselo, le espetó: «¿Te parece esto una mina de oro? Te vendo el comercio por las deudas». En estos momentos hay en la provincia 26.853 autónomos inscritos en la Seguridad Social, la mayoría vinculados al comercio. Han tenido que soportar contra sus beneficios (o eso han dicho) el incremento del IVA del mes de julio. Cuando llega el cartero deja un montón de cartas de bancos y otros organismos que le indican vencimientos de recibos. El mismo comerciante pelea a brazo partido con las entidades de crédito para renovar sus pólizas de préstamo. Pertenece a una asociación que juega a ser David contra Goliat aunque la desigual batalla que libra con el gigante le hace candidato a una paliza.

Aún con todo, o casi todo, en su contra, mantiene la persiana abierta, paga la mercancía y va tirando. Lamenta «la injusticia» de que algunas instituciones abran los brazos para dar la bienvenida a gigantes de la distribución y hace públicas algunas sospechas sobre este hecho que aquí son irreproducibles porque no están contrastadas. El último comentario que formula se produce hace unos días, coincidiendo con la apertura de una tienda en el centro de la capital que tiene cientos de establecimientos por todo el mundo: «Me enteré de que le dieron la licencia muy rápido, cuando lo normal es que a los comerciantes de aquí nos tengan semanas o meses esperando».

Para colmo de males le cuentan que antes de la apertura, decenas de jóvenes hacían cola para entrar, como si la tienda cerrase al día siguiente. Se pregunta por qué en su negocio no hay colas. Y se devana los sesos para conseguirlas en su establecimiento. De lo contrario, la cola que él verá será la del paro.