Una calle muy cubana

OURENSE

Si ha estado en La Habana (Cuba) sabrá que allí las cosas van a otro ritmo. Los baches tienen derecho a cobrar un plus de antigüedad, porque estaban allí antes de la llegada de Fidel Castro. El alumbrado público es casi un producto de lujo y casi extraña más que las bombillas iluminen el Malecón que que no lo hagan. Las aceras tampoco son un lugar tranquilo para los peatones. A nadie le sorprende que las baldosas estén fuera de sitio.

A miles de kilómetros, en la tercera ciudad de Galicia, hay una calle que lleva su nombre, y en los últimos días parece haberse imbuido de esa filosofía cubana, que hace gracia una semana, crispa en la segunda y, supongo, se hará insoportable al cabo de un mes. En la céntrica calle ourensana, donde el mar queda a cien kilómetros, los adoquines han sido parcheados por algún enemigo del bipartito local. No se puede entender, de otra manera, una chapuza de semejante calibre. El parcheado, además del feísmo visual, es de gran peligro para conductores y, sobre todo, motoristas que tienen la sensación de estar en una prueba de motocrós, debido a la gravilla.

A la torticera actuación del gobierno local en el asfalto, se sumó un apagón de luz que se prolongó durante cuatro noches y que, salvo a las parejas que buscaban intimidad, a nadie agradó. Para completar la caótica situación, llegó una brigada de ese fantasma político que se hizo llamar Tenencia de Alcaldía, y que por aquello de su ansía por la publicidad -véase el caso de los paneles- está en sus horas más bajas, y abrió la acera para arreglar ochenta metros de acera y cortar un carril. Sin previo aviso y sin un proyecto de reforma de todo el vial. A trozos, para que moleste más, muy al estilo cubano. La lástima, para los vecinos de la avenida de la Habana y los miles de ourensanos que tienen que soportar sus carencias, es que en Ourense los mojitos no saben igual que en la isla cubana.