O Barco se convirtió en un guateque

María Cobas Vázquez
María Cobas O BARCO/LA VOZ.

OURENSE

La plaza Maior fue escenario ayer de la cuarta edición de la Xuntanza das pandillas, que recuperan las fiestas que antaño celebraban los jóvenes de la localidad

12 sep 2010 . Actualizado a las 03:25 h.

Los ritmos de Los Brincos o Conchita Velasco volvieron a hacer mover las caderas a aquellos mismos que no dejaban de moverlas hace más de treinta años cuando, en su juventud, disfrutaban de los guateques de la época. Y los bailarines ponían todas las ansias para disimular cualquier indicio del paso de los años en la agilidad de sus movimientos; en una fiesta que trata de ser el reclamo para reunir a las pandillas del entonces, las mismas que disfrutaban de las fiestas de O Cristo todas juntas. Eso sí, ahora muchos llegaron con sus hijos, y más de uno, con sus nietos.

La de ayer fue la cuarta edición, y aunque animada (incluso hubo una nueva pandilla que se unió a la celebración) fue menos concurrida que las ediciones anteriores. Faltaban algunas caras que ya se habían convertido en habituales, sobre todo cuando la cita se celebraba en el interior del teatro Lauro Olmo.

Bailando y mirando

Eso sí, el traslado a la plaza Maior (que ya se hizo el año pasado) propició que participasen en ella muchos otros vecinos y visitantes de la localidad que pasaban por allí y que, al ver la fiesta, se quedaron. A echar un baile, o a mirar. Porque lo cierto es que, al igual que en los guateques de antaño (según reflejan las películas) era habitual que el comienzo fuese frío, con solo los más atrevidos en medio de la pista y la mayoría de la gente sentada en las sillas colocadas a los lados de la estancia, quizás intentando recabar el valor suficiente para arrancarse un baile.

De hacer que unos y otros pasasen una tarde entretenida se encargaron los componentes del grupo Os Broders de Vilamartín, que fueron desgranando a lo largo de su actuación temas clásicos de la música pop rock en español. Así, abrieron con Maná para después ir desgranando un repertorio en el que también tuvo lugar especial Joaquín Sabina y Fito y los Fitipaldis. Temas fácilmente reconocibles por el público que hizo que, por momentos, el guateque se convirtiese en un concierto.

Al final, una cena

Fueron cerca de dos horas de fiesta que remató con una cena en una bodega privada de la localidad en la que los amigos aprovechan para contarse sus vidas durante el resto del año, según ellos mismos explican. Y es que, al contrario de lo que pasaba en la época de los primeros guateques, ahora la fiesta se vive de año en año, y no de fin de semana en fin de semana. Así que muchos ya cuentan los días para la próxima cita. Todavía les quedan 364 por pasar, pero la cuenta atrás ya ha comenzado.