Más de 45 bodegas abrieron sus puertas a los amantes de Baco en la decimocuarta edición de la ruta das covas de Vilamartín
08 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Más de 4.000 almas (al cierre de esta edición todavía continuaba llegando gente) entregadas al dios Baco, con el vino tinto como objetivo principal de sus vidas. Al menos durante unas horas. Era la festa das covas que un año más, y ya van catorce, se celebró en Vilamartín.
Un total de 41 cuevas (al menos eso ponía en el mapa del inicio, porque después podía verse el cartel de la número 44 en una puerta) se engalanaron para recibir a los visitantes. Y lo de engalanarse es literal. Todas lo más limpias posible, con algún que otro adorno la mayoría; aunque alguno dio una vuelta de tuerca y hasta tuneó el techo para darle un toque de after hour a la bodega, en la que podían escucharse los temas que están pegando fuerte en las pistas de baile.
Como cada año, ayer volvió a repetirse la tradición de que las pandillas (las hay de todas las edades, desde niños que todavía no saben caminar hasta abuelos que hace años que saben lo que significa una pensión de jubilación) lleven camisetas identificativas. Lo de que sean de un mismo color es solo una parte del vestuario, porque lo primordial son los mensajes. La mayoría con un toque simpático, buscando la sonrisa del que está al otro lado, como los que este año portaban lo de «non me mire así, que o seu fillo tamén bebe» o aquellos otros que lucían mensaje de «todos tenemos que creer en algo, y yo creo que voy a tomar otra».
Eso sí, todos lucían el mismo pañuelo, el que identifica que han pagado los 10 euros de la entrada, que además de a beber, da derecho a disfrutar de los pinchos que se sirve en las diferentes covas. Y hay para todos los gustos: empanada, embutidos, quesos, hasta postres como bica o tarta. Los miembros de la asociación de coveiros tiraron la casa por la ventana para que nadie pasase hambre. Ni sed.
Ni sed ni hambre estaba dispuesto a pasar tampoco el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, que ayer realizaba su primera visita a esta fiesta, tal y como él mismo reconocía. «Creo que merece a pena, e animo a que todos os que non viñeron aquí, que veñan», dijo, para después añadir, «que veñan a coñecer as tradicións de entrar nas covas e probar o que che poñen». Eso sí, reconocía no estar del todo seguro de poder aguantar las cuatro horas de recorrido; aunque aseguraba que «o vou intentar». Lo hacía acompañado de varios alcaldes y concejales del PP de la comarca valdeorresa y de varios cargos de la Xunta y la Diputación.