Políticos

OURENSE

Me meto en política para hacer cosas por mi pueblo, porque el alcalde no hace nada; pero yo no tengo aspiraciones políticas. Es la frase que suena ya a nana (al menos para mí, porque me duerme) cuando aparece un nuevo candidato en la escena política. Es el mismo cuento que a mí me cuentan desde hace siete años; pero del que, si le pregunto a un veterano, me dirá que esa fue canción del verano cuando él todavía llevaba pantalones cortos. Y como toda canción del verano, cuando comienza a sonar te gusta, te parece graciosa, hasta bailas a su son; pero con el tiempo, de tanto escucharla, al primer acorde buscas escapatoria. Incluso añoras el invierno.

No es que yo me haya vuelto una incrédula (que también), si no que observo lo que ocurre a mi alrededor (y no sólo porque me pagan por ello). Y al mirar lo que ocurre es que ves, y muchas veces lo que ves es a aquel político de sueldo modesto que ahora luce puesto y coche (cochazo); y empiezas a desconfiar de que todo lo hiciera «por su pueblo». O a aquel otro que ya no se habla con los suyos, y que tienen que buscar el apoyo de los que deberían ser sus enemigos (políticos me refiero). Recuerdas entonces aquella otra canción que te habían cantado a modo de chascarrillo de que en la vida «hay amigos, enemigos y compañeros de partido; y estos son los peores».

La recuerdas y descubres que la canción en realidad era una fábula, como aquellas de Esopo -que aparecían en aquel libro con tapas roídas de tanto manosearlo- y el mensaje era claro: nadie se mete a político solo por ayudar. Porque eso ya existe; y a la persona se le llama voluntaria. Lo malo es que esa denominación lleva una connotación poco atractiva que es la de que se trabaja gratis.

Pero ahora estamos en verano, y como en todos, en este también habrá canción. Una que sonará insistentemente hasta el mes de mayo. Igual hasta se me pega la melodía.