Las películas del género suelen insertar la frase típica y tópica. Casino de Las Vegas: «¡Hagan juego! ¡No va más!». Un añadido popular incluía: «La casa nunca pierde; cuando no gana, empata». Salvando las distancias, que las hay, y evitando alguna interpretación malévola, que pudiera producirse, algunas situaciones parecen de ruleta. El Concello de Ourense tiene que pagarle a Caixanova 256.000 euros por la programación cultural que la entidad viguesa trae a la ciudad. El asunto tiene varios análisis. El primero, técnico. El interventor municipal considera improcedente el abono de la cantidad porque «non se teñen aportado facturas que acrediten o cumprimento dos convenios do patrocinio asinados». Incluso añade que se le va a pagar «sen presentar facturas». El segundo, discriminatorio. No parece muy defendible que el gobierno socialista y nacionalista haga el primo cuando Caixanova no le exige el canon a Vigo o Pontevedra. El tercero, moral. Si la caja de ahorros gana en la actuación, se queda con la pasta. Si pierde, quien paga es el Concello; o sea, nosotros.
«É un mal acordo», reconoció el concejal de Hacienda, «pero temos que cumplilo», se quejó. Caixanova tiene desde hace ya un montón de tiempo un cliente de primera en el Concello. Domiciliaciones, entidad colaboradora, recaudadora de tributos, etc. Cualquier gestor de una entidad que se juegue dinero privado aprieta a su proveedor. No es el caso del Concello de Ourense ni de sus gobernantes. Se está hablando de dineros públicos, de dinero de todos. Por lo tanto, de nadie, por lo que parece.
En momentos en los que los gestores políticos se lavan la cara hablando de rebajas de sueldo para ejemplificar su actuación en tiempos de crisis, los hay que hacen la vista gorda ante un acuerdo tan lesivo para todos. Y mientras el Concello deja hacer, Caixanova, a facturar. La caja nunca pierde; cuando no gana, empata.