Fuiste, estimado presidente de los constructores, el personaje de la semana. Le nublaste el foco a Celso Barbosa que llegó a la Cámara de Comercio sembrando ilusión a raudales. Con tu empecinamiento en ser su segundo, te convertiste en el grano molesto de la prometedora nueva etapa de la institución. Y me sorprende. ¿Qué te quedaba por hacer en la Cámara? ¿Qué proyectos, qué ideas, qué innovaciones te quedaron en el cajón para defender a capa y espada tu presencia al lado del nuevo timonel? ¿Qué te lleva a poner tu ego por encima de los intereses de tu sector? ¿Por qué le cerraste el paso a tus jóvenes compañeros de la construcción? ¿No crees que un presidente de 43 años necesita a gente de su generación como vicepresidentes? ¿Imaginas a Feijoo con Fernández Albor de segundo? ¿No consideras de inteligentes dar paso a los jóvenes que, por formación y ganas, vienen a aportar modernidad a una institución obsoleta? ¿Eres, quizás, de la escuela de Baltar y defiendes tu puesto por encima de los intereses generales de Ourense? Nunca pensé que te saldría este ramalazo caciquil pero, bueno, a la vista de lo que pasó entiendo por qué fuiste el elegido por Baltar para representar a la Diputación en el consejo de Caixanova. Empieza a casarme todo. Te mostraste como esos personajes made in Ourense, que se aúpan a las instituciones y las consideran propias. Me recuerdas a los empresarios elegidos por Diputación y Cámara para representar a Ourense en Caixanova y que, como se vio ahora en la fusión, tan sólo se representan a si mismos. ¿No crees, en fin, que los grandes hombres son aquellos que no se consideran imprescindibles y que propician el relevo generacional? Pensaste más en ti y en tus padrinos políticos (¡aunque de esto nada se habla!) que en los intereses de la construcción, de la Cámara y de Ourense. Y me sorprende. Perdiste una oportunidad para demostrar que, con 74 tacos, eras de una pasta distinta. Con todo, sé de tu caballerosidad y sé que no serás el nuevo Bermellito (¡al que tanto sufriste!) de la nueva Cámara.