El pasado viernes, coincidiendo con la apertura de un congreso sobre comercio y turismo en Ourense, uno de los organizadores dijo sin ruborizarse: «Crisis habrá, pero cada vez resulta más difícil conseguir una reserva para cenar en un restaurante». El domingo estas páginas reproducían opiniones de responsables de agencias de viajes de la capital pronosticando un 10% más de facturación en sus negocios a cuenta de organizarle las vacaciones de verano a nuestros paisanos. El jueves anterior importantes empresarios del sector del automóvil en la provincia aventuraban un desplome en las ventas de coches en este segundo semestre por la subida del IVA y la finalización del Plan 2000E. Ayer mismo los agentes de la propiedad inmobiliaria indicaban que la construcción está resucitando, según datos del primer trimestre.
Hoy 20.000 empleados públicos de Ourense están llamados a la huelga por unos recortes salariales que ya sufren miles de trabajadores del sector privado con resignación franciscana. Ayer mismo Angela Merkel anunció la eliminación de 10.000 puestos públicos en Alemania. En España, el Ibex marcaba mínimos históricos y el BBVA pronosticaba que el PIB iba a seguir cayendo en este ejercicio. Y así sucesivamente.
Es posible que haya que ir a los libros de historia para encontrarse con semejante impacto económico. El aturdimiento es tal que ya no se sabe con qué titular quedarse, si con el que nos conduce a la depresión o con aquel que trae una lucecita que permite intuir la salida del túnel. Aún en ese escenario, absolutamente hostil, lo más sorprendente es lo que más interesa. Los contadores de las páginas web rompen techo con la victoria de Nadal, la festa do Boi en Allariz o que una perla aparecida en una almeja durante una cena fue engarzada en un anillo para su sorteo.
Está claro que hasta en las más cruentas batallas el ser humano busca un respiro. Es una cuestión de supervivencia mental.