Este García mata

Ignacio Rodríguez

OURENSE

Ya de lejos maldigo la política menor como abrigo de la impunidad o el abuso, aún admitiendo que la han asaltado demasiadas brumas espumosas con escasas esencias y demasiadas costuras, que han asentado una actitud a menudo abúlica, descreída y tramposa.  Pero me resisto a aceptar sin límites su empobrecida levedad.  Hay ocasiones en que sus excesos obligan al rechazo, tan necesario como inevitable. Es la higiene de la resistencia. Un ejemplo.

Que un político atente contra el debido respeto a terceros para ponerse a cubierto de sus propios errores, es una práctica que revela su desdén; que reincida es motivo para dudar de su conciencia; que lo haga de forma pública es síntoma de soberbia; y que la Justicia repruebe su desesperado intento le conduce directamente hacia la indignidad, que por lo visto soporta cómodamente. En su simpleza, quizá creía Andrés García Mata que combinar la impunidad y la infamia le conduciría hacia la salvación en el asunto de los paneles.  Optó -quizás- por una penitencia colectiva para dividir su miedo. Construyó un cadalso mediático para arrastrar a una empresa que había posibilitado el rodaje de un capítulo de Hospital Central en Ourense con la mejor voluntad, pregonó su nombre sin prudencia, la condenó a una imprecación silenciosa y la sometió a una recidiva innecesaria. Todo el poder omnímodo de un dios desatado.

No procede pormenorizar aquí los argumentos objetivos de por qué es incongruente, gratuita y lastimosa la actitud de un  concejal que parece estar muy lejos del conveniente contraste de calidad. La comparación entre ambos casos (los paneles y el rodaje) y entre ambas empresas es sencillamente imposible. Intentar homologar los procedimientos seguidos en cada caso es insostenible. Tanto como pretender equiparar 33.000 euros con  42 millones.  Tampoco los esfuerzos  desplegados en ambas iniciativas, las intenciones y los resultados se parecen.

Ni los más avezados teóricos de la actual crisis económica contemplaban nuevas amenazas para la supervivencia de las pequeñas empresas. García ha conseguido significarse y patentar una que directamente  mata.  Es difícil explicarse como desde tan alta responsabilidad como le ha sido confiada -(¿)- pueda brotar tan triste mérito: introducir dudas sobre la actividad de una empresa a la que su propio grupo, el BNG, le pagó limpiamente el importe del contrato que ahora lanza al vacío de la sospecha.

De los perjuicios que tan disparatado comportamiento cause le informaremos puntualmente a quien corresponda y a él mismo, para que adquiera sentido del daño y haga una reflexión noble. Y que el caso de los paneles, que tanto le confunde,  le sea lo más favorable posible, para que el examen de conciencia le acerque al dirigente que cree ser, pero por ahora no es, y le aproxime  a la altura moral que requiere un cargo que solo debería estar al alcance de los mejores.