Tiene razón el teniente alcalde de Ourense, el nacionalista Andrés García Mata, al reivindicar su deseo de no cobrar de las arcas municipales menos de lo que ingresaría por su actividad laboral diaria. Vale que es concejal porque quiso, porque le hicieron hueco en una candidatura, porque recibió votos suficientes en las urnas y porque decide quedarse en vez de irse a casa, que también puede, cuando quiera. Vale también que los políticos deberían ser los primeros en dar ejemplo de austeridad en tiempo de vacas flacas, pero también es lícito que cada cual defienda lo suyo.
Más allá del tijeretazo del Real-Decreto ley, propone el alcalde socialista un recorte del 15% en el sueldo de los concejales. Al teniente alcalde, socio fundamental del gobierno local, que se enteró del brindis al sol por la prensa, no le ha hecho gracia. ¿Por qué tiene que recortar sus retribuciones por debajo de lo que percibiría como médico, si estuviese en activo? ¿Porque lo diga el alcalde? Pues no.
Que el teniente alcalde se reivindique, alto y claro, en un momento en el que nos asomamos a un período electoral con previsibles ofertas y saldos varios, se presta a varias lecturas. Entre otras, bendita primavera, que está convencido de su labor y que trabaja, por lo menos, tanto como en su actividad profesional. Ya puestos, podía dar un pasito más y proponer que quienes cobran de las arcas municipales se fijen siempre que sea posible, nómina o pensión mediante, administrativo o profesor de instituto, el mismo sueldo que tenían en su vida anterior a la condición de excelentísimo o de ilustrísimo , según en cada caso corresponda. (A los empresarios, profesionales liberales, o desempleados, sería preciso aplicarles otro baremo, está claro, pero todo está en ponerse).
¿Por qué va a renunciar el teniente alcalde a un recorte del 15%, mientras se malgasta en cosas, de dudoso beneficio colectivo, el dinero que a él le pretenden sustraer? En 108 millones, lo suyo es el chocolate del loro , pero invita a la reflexión.