El conjunto arquitectónico, que es «bien de interés cultural», se enfrenta al gran reto de que se ponga orden en lo actuado para poder finalizar su rehabilitación
19 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Recuperar el conjunto de San Francisco, después de años de deterioro, no será tarea fácil. Tampoco existe la receta única. No basta con continuar. Definir qué se puede aprovechar y cómo reorientar lo ya hecho, es una de las grandes incógnitas que deberá despejar el nuevo proyecto. Alguna de las intervenciones son, a ojos de profanos y especialistas, más que discutibles, razón por la cual el Ministerio de Cultura ha optado por un nuevo concurso para arreglar el desaguisado. Se trata de buscar el mejor proyecto para rematar una obra que se ha prolongado más de lo previsto y ha acabado convertida en un muestrario de elementos de dudosa utilidad y estética.
A la complejidad de la actuación y a los conflictos legales que la frenaron y entorpecieron, fruto de las diferencias entre Cultura y la empresa a la que inicialmente le fue adjudicada, se suma ahora, según medios técnicos conocedores de la situación, la necesidad de aprovechar, mejorar y corregir (en algún caso, derribar) lo ya hecho. Fuera de dudas el carácter prioritario de la protección patrimonial y especialmente del claustro ojival del siglo XIV, en medios profesionales se aprecian lagunas en lo realizado hasta ahora. Ya no solo se discute de la intervención su rigor histórico y cultural, sino incluso el constructivo. De la falsa estética clasicista y su banalización, hasta la mezcla y utilización de recursos que generan dudas, el deterioro del entorno ha alcanzado altas cotas, a las que ahora será preciso que pongan orden las administraciones públicas y salvar así la memoria de Ourense.