Un sastre centenario que no olvida ni su oficio ni sus raíces

OURENSE

Jaime Fernández quiere regresar este verano a Taboadela, donde nació en 1910

28 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Cien años no se cumplen todos los días y quizá por eso Jaime ha tenido dos celebraciones (el 19 y el 25 de abril) para disfrutar de una ocasión tan especial rodeado de su familia más cercana y sus amigos.

Con todo, el mejor regalo para este centenario llegará este verano. Los suyos pretenden traerle de vuelta a pasar unos días en la localidad de San Fiz de Taboadela, donde vino al mundo un 19 de abril de 1910 y desde donde emigró después de la guerra hacia Barcelona para buscarse un futuro mejor.

Aunque ya había trabajado como aprendiz en la ourensana Sastrería Raimúndez, continuó el oficio en la Ciudad Condal y allí obtuvo el título de cortador en la Academia Rocosa. Su siguiente destino fue Calatayud, donde conoció a su esposa tuvo a sus dos hijas y empezó una trayectoria como sastre que lo llevaría a instalarse años después en Zaragoza. Allí sigue empadronado, aunque vive a caballo entre la capital maña y la madrileña donde tiene repartidas a sus dos hijas.

Pero a pesar de lo bien que dice encontrarse en ambas ciudades, a Jaime la tierra le tira «cada vez más, y aunque hemos ido a menudo de vacaciones, últimamente se le nota más esa morriña», explica su nieta Marta que, junto con su hermano le ha confeccionado una felicitación con una frase de Kafka: «Quien consigue conservar la capacidad de percibir la belleza, no envejecerá nunca».

Y es que Jaime sigue siendo voz autorizada en la familia para las cosas del vestir «y si le dejásemos seguiría cosiendo, lo que pasa es que ya no ve de un ojo y no queremos que perjudique el otro», explican. Eso sí, nadie se libra de pasar por su mirada experta. «Le gusta que le enseñemos lo que compramos y él enseguida te dice si la tela es buena, si está bien hecho, o si no vale lo que pagaste», cuentan.