Tras varios años trabajando en hostelería en O Barco (municipio al que llegó desde su Portugal natal cuando tenía 12 años), el concurso para hacerse con el bar del edificio multiusos dio a Cati Santos (1974) la oportunidad para establecerse por su cuenta. De eso hace ya algunos años, «en julio se cumplen siete», cuenta, de una concesión «a veinte».
-Estando en el edificio donde está la plaza de abastos y el ayuntamiento nuevo es fácil adivinar que son los trabajadores de ambos sus principales clientes...
-Sí, pero también los de los sindicatos y de los comercios de los alrededores. Esos son los fijos, y después están también los que acaban aquí porque vienen a arreglar algún asunto.
-¿Ese tipo de clientela también marca los horarios?
-Abrimos de diez a diez (en invierno hasta las nueve), con una hora para comer. Y no abrimos ni domingos ni festivos, salvo que haya algo especial en la plaza.
-Es toda una excepción dentro de la hostelería
-Es un horario cómodo. Dentro de la hostelería somos unos privilegiados; aunque también lo escogí así. La única imposición que tenemos por la concesión es que esté abierto las horas que está abierta la plaza.
-¿Qué se toma el cliente de La plazita?
-El 80% de lo que servimos a lo largo del día es café; pero también refrescos, vino, cerveza...