Y esta villa se resigna a que su destino no sea el que realmente le corresponde: ser núcleo de influencia y vitalidad en Ourense. Paso a paso, se convierte en una ciudad dormitorio, villa de carretera, urbe que se desintegra bajo la indiferencia de su clase política. Los presupuestos fantasmas no encajan nunca y la deuda crece, sin que los beneficios sean presentes en la ciudadanía.
Las calles y plazas soportan el tedio del abandono y las aldeas son olvidadas. Impuestos, más y más? y a falta de servicios nos regalan juegos malabares para que el pueblo tenga algo que hablar (nunca se manifestarán en la calle), como puede ser el arte de gastar 80.000 euros en unas 60 losetas de la Plaza Mayor, (y aquí no pasa nada). O el no va más, la transmutación del todo en nada, cómo destruir un entrañable parque, rehacerlo varias veces (cada vez peor), gastar en ello 600.000 euros? y al final casi convertirlo en un basurero. Y no hablemos de esos contratos sustanciosos con Aquagest de los que jamás sabremos a dónde fueron esos dineros.
Dentro de este descontrol, el grupo que gobierna entra en cruel guerra fratricida por el poder (que no por proyectos para mejorar la calidad de vida del ciudadano), añadiendo más descrédito y desconfianza para la clase política.
Mientras, el principal grupo de la oposición alaba a Zapatero y en su nombre ratifica junto al PP las subidas de impuestos para Xinzo con el objetivo de que estos impuestos paguen el crédito de 2.000.000 de euros. Solventes en el arte de cómo parar proyectos para Xinzo y vender humo. Y para contentar a la población y para pasar mejor la crisis, nos llegan de Madrid a enseñarnos el mapa de excitación sexual del clítoris (cobrando las dietas, claro).