La expresión kilómetro 0, está de moda. Pienso en un magnifico coche, matriculado, casi a estrenar y que te ofrecen las casas comerciales como un punto de enganche para incrementar sus ventas. Confieso que yo he comprado uno en esas circunstancias. Por eso que, cuando llegó a mis oídos de nuevo, pensé: «Ya me quieren colocar otro». Lo cierto es que se lo cuento porque supongo que le interesará al igual que me pasó a mi. Fue en Italia, lugar en el que suceden cosas interesantes además de su Berlusconi particular, que a alguien se le ocurrió montar unos establecimientos en los que se pudieran comprar productos que hubieran recorrido desde su lugar de origen al punto de venta, los menos kilómetros posibles, o sea, tendencia al 0, con lo que se conseguiría bajar la emisión de CO2, y se lucharía por el cambio climático, protegiéndose además la producción de todo tipo de nuestros vecinos más próximos. No tengo nada contra el consumo de las cerezas de Argentina o los espárragos de China, pero podremos esperar por las guindas de Reza o los exquisitos tallos de Navarra. El blanco Ribeiro es mucho mejor que el dorado Rioja y habiendo recorrido muchos menos kilómetros.
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