Baltar padre y Baltar hijo

Antón Feito

OURENSE

Los valores están en crisis. Desde que las teles inundaron salones, cocinas y habitaciones y desde que las redes de Internet son mejor vehículo para comunicarse que el encuentro físico en una esquina o una cafetería, ya nada es como era. El diálogo se ha sustituído por monosílabos, sms o pósits. Y nadie es inmune a esta dramática deriva. Hasta familias de pedrigrí tradicional y valores consolidados como la del presidente del PP y de la Diputación, José Luis Baltar, son víctimas de esta incomunicación intergeneracional. Padre e hijo no se cruzan palabra a pesar de que tienen sobre sus hombros el futuro de Ourense y a pesar de que ambos quieren perpetuar en el poder ese ismo llamado baltarismo que, sobre todo, rima con otro ismo propio del XIX. Ayer, una vez más, se constató. Lo asumió el hijo en comparecencia pública en hotel de 4 estrellas. Quiere suceder al padre como jefe del PP pero en su casa, en la comida de los domingos, no le dice ni mú. Y el padre, al que la edad y la pérdida de poder empiezan a mudarle la tolerancia en revanchismo (¡lo de Elier es de juzgado de guardia!), le oculta al hijo si quiere seguir liderando la nada. Moraleja: «Si no son capaces de hablar y ponerse de acuerdo entre ellos, ¿cómo aspiran a gobernar a 336.099 ourensanos?».