Baño de autoestima para el Ciudad de Vigo y ridículo de órdago para el COB en el derbi sureño de la LEB. Los de Povea consiguieron su primer triunfo liguero en un derroche de intensidad defensiva, acompañado de una intermitencia anotadora que no solo le dio para ganar, sino para sacar de la pista a la peor versión de un Ourense huérfano de Salva Arco.
Frost es el termómetro del Ciudad de Vigo y Smith un jugador capaz de poner un partido patas arriba incluso lesionado. La sociedad de los Tim y la voluntad fueron suficientes para sacarle los colores a un COB indolente en el primer tiempo.
Por calidad, por diversidad y por juego de perímetro Ourense debería poner la proa en el derbi de los necesitados, pero fue Vigo quien mandó desde el salto inicial. Frost fue el dueño de los anillos, mandando en el rebote con autoridad, Suka Umu encontró la inspiración para el tiro de media distancia que tanto necesita el grupo de Povea y Smith desatascó en ataque a un equipo tan voluntarioso atrás como ciego adelante. Cada vez que el COB intercambiaba defensas o aumentaba un punto la presión la noche se hacía en el ataque vigués, hasta que Tim apareció para hacer un penúltimo favor al cuadro vigués.
Después de un partido un tanto igualado (por lo escuálido del marcador) los vigueses abrieron una brecha de quince puntos -la máxima diferencia antes del descanso- después de un derroche de intensidad que coincidió con una pájara monumental de los cobistas. Los 26 puntos del cuadro ourensano al descanso eran el mejor indicativo del descalabro.
El segundo acto comenzó con la presentación en sociedad de Williams, un jugador que no estaba dando la medida en As Travesas, pero que también decidió participar del festín local. Entonces el partido se disparó hasta los 18 puntos de ventaja (46-28) y a Ourense no le quedó otro remedio que tirar de casta para evitar el sonrojo.
Sucesión de errores
Entonces el derbi se convirtió en una sucesión de errores. Al Ciudad de Vigo le entraron las lagunas de su proceso de formación (en forma de pérdidas, faltas varias y hasta una equivocación a la hora de tirar los tiros libres en una falta antideportiva) y Ourense hizo un amago de recurrir a la épica para intentar pulir unas diferencias que llegaron a ser de 19 puntos. Todo en medio de un juego de lo más arcaico.
Pero aunque Lucho Fernández con cinco puntos consecutivos intentaba aportar un punto de luz al colectivo de Javi Muñoz, fue Vigo -con su juego a borbotones- quien en otro arreón consiguió llegar el partido hasta la frontera de los 23 puntos en el epílogo del tercer cuarto. ¡Y el COB con 37 puntos con 3/13 en triples!
El epílogo solo sirvió para ver la cara más deprimente del COB, que tardó seis minutos en anotar un punto, además de tiro libre (Sony) y con 30 abajo después de que el Vigo anotase hasta el recién salido júnior Toni Vicens. Después llegó una maniobra de chapa y pintura que en absoluto arregló la debacle. Vigo ya tiene argumentos para pensar que la salvación es posible y Ourense para preocuparse.