O Barco celebró su séptima jornada gastronómica, en la que se degustaron platos típicos de una decena de países preparados por inmigrantes residentes en Valdeorras
30 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Alfajores argentinos, bejinhos brasileños, tarta de zanahoria portuguesa o papas rellenas colombianas. No es el menú de un restaurante internacional, más que nada porque no es un restaurante, ya que lo de internacional queda claro en la propia definición. Son simplemente algunas de las propuestas de la jornada gastronómica que cada año, desde hace siete, organiza el Concello de O Barco con el objetivo de que sus vecinos más recientes muestren lo mejor de su gastronomía.
Brasil, Argentina, Colombia, Venezuela, República Dominicana, Ecuador, Paraguay y Bolivia fueron las nacionalidades presentes ayer en la plaza del Concello. El rico olor que desprendían los platos provocó que a las doce ya hubiese una avalancha de curiosos merodeando por la mesa a modo de bufet que se colocó en la puerta del consistorio. Muchos eran inmigrantes que acudían a recordar los sabores de su tierra, pero muchos otros eran valdeorreses con ganas de conocer qué se cuece en las casas de los que nacieron inmersos en una cultura culinaria diferente. Y la experiencia salió, de nuevo, para chuparse los dedos.
Los platos, vasos y cubiertos pronto fueron encontrando dueño, siendo colmado de los diferentes manjares. Dulce, salado, picante, de todo un poco se iba juntando en el menú autodiseñado, en el que no podía faltar el postre. Como siempre, aquellos que dejaban ver que portaban algo de chocolate fueron los primeros en desaparecer de la mesa. Y como no podía ser de otra manera, a la hora de beber también había productos procedentes de otras latitudes (el vino verde portugués fue uno de los más demandados entre los comensales).
Una hora después del comienzo, apenas quedaba rastro de alguno de los platos. Más de uno se fue con la barriga llena. E incluso con la fiambrera o la bolsa repleta de comida. Porque, aunque se trataba de una degustación al aire libre, alguno utilizó la picaresca para evitar tener que cocinar la cena.