A Coruña hizo doble pasillo al Barcelona del triplete


A Coruña le hizo el pasillo al Barça. El autocar que transportaba al equipo catalán fue aplaudido desde las concurridas aceras a su llegada a la calle Manuel Murguía, por la que los futbolistas acceden al estadio municipal. Después, a las nueve de la noche, se formó el segundo pasillo, este exclusivamente formado por jugadores: el que le hicieron los deportivistas al campeón liguero.

Hubo movilización de culés antes, durante y después del partido. Una hora antes del encuentro, la niebla caía sobre la ciudad, hasta el punto desde que la balaustrada del paseo marítimo no se llegaba a ver el mar, y había quien temía por la celebración del encuentro. En los aledaños del estadio, las bufandas y camisetas blaugranas caminaban entremezcladas con las de los forofos deportivistas, sin conflicto. Un detalle observado en una encuesta visual: las elásticas culés llevaban al dorso nombres de ídolos de hoy (Puyol, Messi, Iniesta, Eto'o) mientras en las blanquiazules primaban los ídolos de ayer (Diego Tristán, Makaay, Fran), y uno del pasado y el presente (Valerón).

Ya dentro de Riazor la visibilidad era perfecta: desde Tribuna se leían las vallas de los vomitorios de Preferencia. Los más madrugadores vieron la salida de Pinto, cuarenta minutos antes del inicio del partido. El ex celtista se tuvo que sorprender al escuchar, por primera vez en su vida, aplausos y gritos de entonación femenina en Riazor, a los que siguieron predominantes pitos. Diez minutos más tarde salieron al césped el resto de los jugadores, recibidos por un griterío femenino ya atronador, no solo atribuible a la presencia de Pique (que va para gran jugador y también para sex symbol).

Después les aplaudieron todos los convocados del Dépor y el cuerpo técnico. Le hicieron al once culé un pasillo adornado con once trofeos Teresa Herrera. Cientos de flashes deslumbraron desde todas las localidades. «El mejor equipo del mundo acaba de pasar por el mejor pasillo del mundo, el formado por las torres de Hércules», proclamó la voz de Riazor. Una gigantesca pancarta de los Blues, con Astérix, Obélix y demás familia ataviados de blanquiazul recordaba que A Coruña no es terreno conquistado por el barcelonismo. Mientras abajo se formaba el pasillo, llegaban al palco los barcelonistas no convocados y el sancionado Guardiola, objetivo masivo de las cámaras de los móviles de los aficionados situados a la izquierda.

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