La única alegría de Iván Pérez

Pedro J. Barreiros

OURENSE

El mediapunta se entrenó ayer con el primer equipo después de una temporada en la que descendió con el Fabril a Tercera y perdió a su padre futbolístico, José Luis Vara

14 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Iván Pérez completa una temporada de contrastes. Ayer le tocó vivir la cara amable, pues cumplió el sueño de cualquier canterano al entrenarse con el primer equipo. Pero ni así se le borró el rictus serio de su rostro. Aún están muy recientes los disgustos. El primero, la muerte de su padre futbolístico, José Luis Vara, quien lo descubrió en el Conxo compostelano cuando finalizaba su etapa juvenil y lo llevó al Laracha. Luego, llegó el descenso del Fabril: «Fue un palo gordo y a mí, que es mi último año de contrato, me da pena haber descendido justo este año. No me gustaría ver a mis amigos el año que viene teniendo que luchar en Tercera porque sé lo que es estar ahí y fastidia un poco», dijo.

Sus números de esta temporada en Segunda B asustan. El Fabril marcó 40 goles, ocho obra del mediapunta, quien brindó, además, 16 asistencias. Por tanto, participó en más de la mitad de las dianas de su equipo. «No vale de nada pensar que yo no estuve tan mal. Yo solo estoy contento y orgulloso de que no me lesioné este año y que las lesiones que tuve no me impidieron jugar. Me da rabia que meter ocho goles no haya ayudado al equipo, pero es lo que hay», dijo.

Cuentan que José Luis Vara era mucho más que su descubridor. Con 19 años le dio la manija del Laracha. Por primera vez salía de casa y el histórico futbolista del Dépor lo acogió como a un hijo. Hasta sobre el campo se parecían, aunque el bisonte de Esteiro nada tenía que ver con el físico menudo del santiagués. Ambos cargaban con la responsabilidad de su equipo desde el centro del campo y lanzaban las faltas como los ángeles. José Luis traía y llevaba a Iván a los entrenamientos, pero también lo guiaba desde el punto de vista personal y le recomendó hace tres temporadas que fichase por el Fabril.

El fallecimiento de su ex entrenador le sorprendió pocos días antes del partido contra el Ciudad de Santiago. El futbolista regresaba a su ciudad, pero se reconocía muy afectado y advertía de que todos sus goles tendrían la misma dedicatoria. Cumplió su promesa contra el Racing en Abegondo. Seguro que ayer, en su estreno a las órdenes de Lotina, también tuvo un recuerdo para él. «Por ahora solo me dijeron que volviese mañana [por hoy], yo prefiero vivirlo día a día y no que me digan que ya voy a estar de aquí al final de temporada. Prefiero el presente y no el futuro. Yo lo vivo día a día y es como prefiero seguir», sostiene.

No se trataba de la primera vez que Iván Pérez se entrenaba con la primera plantilla deportivista. Hace tres años que lo llamó Caparrós, quien le dedicó encendidos elogios y llegó a afirmar que tanto él como Rubén Rivera iban a debutar ese mismo domingo, pero finalmente los dejó fuera de la convocatoria con la excusa de que el filial pudiese proclamarse campeón de Tercera. Luego se olvidó completamente de él. Seguro que Lassad, quien marcó en el Fabril ocho goles, seis a pase de Iván, se alegra de reencontrarse con su mejor socio, el mediapunta de la sonrisa amarga.