Un «despecho» para acabar

OURENSE

El Domingo de Resurrección puso fin a los actos religiosos de la Semana Santa con una procesión por el casco histórico

13 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La capital ourensana puso ayer fin a ocho días de cultos religiosos. La programación de Semana Santa se cerró en el marco de la iglesia de Santa María Nai. Y lo hizo, siguiendo la tradición, con el ancestral despecho que sirvió de acto final a la celebración del Domingo de Resurrección. Según el guión establecido, las autoridades locales -la representación quedó reducida a ediles de PSOE y PP ante la ausencia de los concejales del BNG- se quedaron a los pies de la escalinata de la iglesia de Santa María Nai. Mientras la comitiva religiosa, encabezada por el obispo de Ourense Luis Quinteiro Fiuza, les saludaba desde lo alto con una ligera inclinación de cabeza.

Se trata de una escenificación que, según la tradición popular, tiene su origen en el siglo XVII en un enfrentamiento entre los representantes religiosos y políticos de la época en la ciudad. Según se cuenta, el cabildo solicitó ayuda para arreglar la escalinata de esta iglesia a las autoridades civiles, que se negaron a subvencionar el coste de las obras. Ante la negativa, la iglesia se hizo cargo del gasto aunque en las celebraciones de Semana Santa, cuando la corporación participaba en la procesión tras la imagen de la virgen, los representantes religiosos echaban a correr escaleras arriba para denunciar la falta de generosidad de los políticos locales del momento.

Viaje de ida y vuelta

De aquellas rencillas solo queda el gesto escenificado por la comitiva religiosa y la política, encabezada por el alcalde de Ourense, Francisco Rodríguez. Antes del tradicional despecho tuvo lugar la misa de Resurrección en la Catedral con la imagen de Santa María Nai, que había sido trasladada minutos antes de su iglesia titular, a donde regresó de vuelta en brazos de agentes de la Policía Local.

Se trató del colofón a ocho días intensos de cultos religiosos en la capital ourensana, con la procesión del Santo Entierro como uno de los actos más multitudinarios.