Los vecinos de Oimbra abrieron a los visitantes un centenar de bodegas

U.Souto

OURENSE

24 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Mientras en Xinzo se disfrutaba del día más libre y espontáneo de la fiesta del Entroido, con la participación de media docena de charangas acompañando a los vecinos en sus recorridos por las calles sin destino obligado, en otras localidades del Triángulo Mágico, la de ayer era jornada de rituales obligados. Es el caso de Laza, con la bajada de la Morena, o de Verín, donde se celebraba en las calles la Luns da Farelada.

No muy lejos de estos destinos emblemáticos del Entroido ourensano, en la pequeña localidad de Oímbra, vecinos y visitantes se rendían, una año más, ante su tradicional Luns de Adegas.

En la tarde de ayer, desde las seis de la tarde hasta aproximadamente medianoche, los habitantes de este municipio abrieron las puertas de sus bodegas -también de bajos e incluso garajes- para que los vecinos y visitantes degustasen no sólo el vino de la tierra sino también productos gastronómicos vinculados al cerdo y dulces típicos de la zona como bica, rosquillas u orejas de carnaval, que ayudasen a sobrellevar la bebida.

Como si de una procesión religiosa se tratase, los participantes acompañados por la música de las charangas recorrieron, una a una, el centenar de bodegas de Oímbra, repartidas desde la entrada del pueblo hasta la parte antigua, exaltando el denominado «Entroido na rúa».

También hubo hormigas

El lanzamiento de harina, por parte de los más pequeños, y también de algunas hormigas, emulando al ancestral rito de Laza, convirtieron a esta pequeña localidad en una alternativa lúdica y gastronómica sin las grandes aglomeraciones del Triángulo Máxico, pero que sigue ganado adeptos cada año.

Un ambiente marcado por la diversión y el buen humor que tendrá su continuidad en la jornada de hoy con la celebración del Martes dos Fachuchos, con la lectura de los también habituales entremeses . Son en realidad sátiras populares que ironizan los sucesos del pueblo en el último año y no difieren demasiado del estilo de las chirigotas y murgas del sur peninsular.

La fiesta finaliza con una procesión y quema de los fachucos, una especie de antorcha conformada por una palo de madera cubierto de paja, y del entroido , que aquí es el nombre que otorgan al monigote, también de paja, ataviado con ropas viejas y andrajosas, conocido en otros puntos de la geografía gallega como el meco.

También fue el día de la harina en otras localidades ourensanas, como A Valenzá, en el Concello de Barbadás, donde además la jornada se dedicó a los niños. A su entretenimiento se volcaron también en otras localidades ourensanas, como Maceda, donde los pequeños tuvieron desfiles, juegos y fiesta.