Los viejos eslóganes que se limitaban a vender Galicia como el rincón verde de España han ido quedando arrinconados por el empuje de un grupo de emprendedores, afortunadamente creciente, que han conseguido situarla como un referente turístico de calidad. Uno de los pilares de esta bien ganada fama es la buena mesa, que superó hace tiempo el estadio de una cocina sencilla basada exclusivamente en unas materias primas de calidad excepcional. Ha sabido evolucionar y explorar nuevos horizontes, pero manteniendo siempre un aura de cocina saludable.
Conservar e incrementar su prestigio es objetivo común. Por ello, y porque la salud es lo primero, si se detectan comportamientos que pueden ponerla en peligro, la primera obligación es investigar y aclarar las posibles responsabilidades. Sin prejuzgar a nadie, pero sin ceder a viejos esquemas que echan la culpa al mensajero, porque parecen preferir el silencio de los sistemas dictatoriales.
Ni Galicia, ni la cocina gallega, ni sus destacados profesionales tienen nada que ocultar, sino todo lo contrario. Y todos tenemos, o deberíamos tener, el máximo interés en la defensa del objetivo prioritario, que es la salud pública.