Partiendo de la confianza que el técnico Manolo Tomé tenía en él, Pablo Ruíz (León, 1978) se ha convertido en la llave de las alineaciones del Club Deportivo Ourense, que lo han situado en muy distintas demarcaciones dentro del terreno de juego, a lo largo del actual curso balompédico.
Presentado como central, cuando recaló en O Couto el pasado verano, desde el cuadro alicantino del Eldense, pronto se apoderó del lateral derecho, una demarcación que no le resultaba para nada extraña. En el eje de la zaga era un recambio natural e incluso el entrenador de Moaña recurrió a su altura y a su arrojo para actuar como delantero centro en la Copa Federación, cuando todavía no habían llegado los refuerzos para la vanguardia rojilla.
En las últimas semanas, Tomé ha pensado en él para consolidar el medio centro en tareas defensivas y el leonés no duda en advertir lo novedosa de la situación: «La verdad es que nunca había jugado en esta posición, pero lo importante es ayudar al equipo».
La brega en la recuperación de balones y en los marcajes es una constante en las actuaciones de Pablo con la elástica encarnada, pero su potencia en el juego aéreo también ha aportado más de una arma ofensiva a los ourensanistas, que ganaron tres puntos de oro en Lanzarote con un gol suyo e incluso se veían beneficiados por el penalti que forzó el pasado domingo ante el Leganés, que a la postre se transformó en el segundo tanto de su equipo.
La parroquia de O Couto alaba su entrega constante y su convicción de llevar a cabo sobre el terreno lo que sabe hacer, sin excelencias, pero sin regatear un encomiable esfuerzo en cada jornada.
Esa versatilidad del todoterreno de los ourensanistas ha permitido además distintas combinaciones en un plantel que nació descompensado, por la ausencia de jugadores con características específicas para cubrir las eventuales bajas. Y es que Pablo ha cuadrado más de un once del Ourense en situaciones comprometidas y eso por no hablar de las variantes que en cada domingo pueden convertirlo en protagonista.